Educar el futuro, humanizar el presente

La sociedad ha cambiado y nos arrastra con su permanente aceleración a todos; incluida a la educación. Los profesores, familias y, por supuesto, los alumnos se ven abocados a una realidad imprevisible, en unos tiempos ingestionables para una institución como es la escuela. Carlos Barrabés no oculta su preocupación por el futuro de esta sociedad desbocada en manos de la tecnología, sin embargo, quiere encontrar en la educación un reductor desde el que hacer frente a la inercia del cambio frenético impulsado por las grandes corporaciones globales. Y esto, plantea, sólo será posible desarrollando desde la infancia competencias tecnológicas adecuadas, “la capacidad de comprender el poder del algoritmo”, para enfrentarse a él luchando por la dignidad de la persona, procurando mantener el control por la humanidad de un futuro compartido con la máquinas.

El pasado 23 de enero en la Asociación Educación Abierta tuvimos el placer de conversar con Carlos Barrabés(Fundador de Barrabes.com, una de las primeras webs de comercio electrónico en el mundo. En los últimos 15 años ha sido Asesor de alto nivel en diversas instituciones relacionadas con la Banca), que compartió con nosotros su visión sobre el desarrollo global y las posibles respuestas ante los retos que se nos plantean, en un mundo altamente tecnológico en el que hay que apostar por el cambio educativo.
Según Barrabés, nos dirigimos hacia un mundo descentralizado, “solo es cuestión de tiempo y tecnología”, en el que “hay que aprender a ser más red que nodo”. Pensar en red significa asumir la coincidencia de muchos procesos simultáneos, las interacciones múltiples y la capacidad de mutación de todos los elementos que conforman la red. Esto conlleva una serie de retos a los que tenemos que dar respuesta. En primer lugar, existe un nivel altísimo de incertidumbre y complejidad, por lo que afirma que “la educación debe formar para un mundo que desconocemos” y sugiere que la única respuesta es fomentar la creatividad como recurso esencial para sobrevivir a estos cambios.
Barrabés señala como uno de las grandes transformaciones que ya están ocurriendo la automatización derivada del desarrollo de la inteligencia artificial. Por ello, afirma que es imprescindible desarrollar la habilidad de “hablar con las máquinas”; lo que no quiere decir solamente aprender programación, sino “tener un modelo complejo de pensamiento”. Por ello, distingue entre educación y formación: “La educación es para toda la vida, la formación para saber qué hacer en cada momento”.
Frente al exceso y la incertidumbre generados por los procesos exponenciales de desarrollo en los que está inmerso nuestro mundo “fomentar la empatía y la comprensión profunda de las cosas” o, lo que es lo mismo, el pensamiento crítico. Para lo cual la centralidad de la educación es indiscutible. Además, señala, “el ser humano es una historia”. En las redes sociales y en la creación de avatares digitales podemos percibir la necesidad del ser humano de crearse como historia para entender quién es.

Mientras que en el mundo actual el propósito es siempre conseguir el máximo valor, en el modelo de desarrollo que propone Barrabés tenemos que crear un nuevo propósito en cada relación: “estamos educando personas que van a construir propósitos”. En este mundo, el objetivo de negocio es la sostenibilidad, es decir, “tener la certeza de estar haciendo algo bueno cuando estás haciendo tu trabajo”. El proceso siempre va a ser experimental e iterativo. Casi todo lo que ocurra en el futuro va a hacerlo con tecnología, por lo que la escuela debe educar fomentando el uso creativo y responsable de la tecnología, sin perder de vista la empatía y la colaboración.
En un mundo en que va a existir una máquina para todo, uno de los retos es empoderarse a través de la tecnología, afirma Barrabés. Sin embargo, esta tiene un poder descomunal de control, por eso los hijos de los grandes empresarios de Sillicon Valley van a colegios libres de tecnología. Sin embargo, advierte, “si no la sabes controlar vas a acabar votando a un partido que no quieres votar”. La solución que propone se podría resumir en “reivindicar lo humano controlando la tecnología”, “debemos dominar el entorno”, concluye. La educación es el centro del cambio y la formación nos ayuda a mutar. Las habilidades más importantes son resolver problemas complejos y pensar críticamente. En un mundo en que todo nos lleva a ser previsibles, la educación no debe hacernos imprevisibles, sino conscientes de que nos intentan hacer previsibles. Y, para finalizar, nos advierte: “Creed en los algoritmos, porque si no, os matarán”.
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