El profesor universitario 2.0: Arqueología de un sujeto requerido (I)

Roberto J. Salazar-Ramos
El desarrollo de la educación en el mundo global ha implicado la incorporación y uso de tecnologías digitales de información y comunicación, ya irreversibles y cada vez más disponibles. El mundo universitario tradicional se viene transformando, a su pesar, y emergen nuevas formas de organización universitaria, ligadas a la formación virtual, e-Learning u On Line, relacionadas a su vez con la educación a distancia en ambientes tecnológicos. Pero nuevos perfiles se vienen delimitando, vinculados al desarrollo de la sociedad del conocimiento y al universo Web. Se trata del profesor universitario 2.0, al cual iremos a buscar. ¿Me ayudan a encontrarlo?
Uno de los inventos más complejos en la historia de la cultura es el del profesor universitario. Su nacimiento no habría que buscarlo en las cavernas de los homínidos ni en las agrupaciones de homo sapiens. La antigüedad no fue el escenario de su emergencia, pues la aparición de las universidades es un invento reciente de nuestra historia.
El desarrollo filosófico y científico de los griegos tuvo lugar sin universidades y sin profesores universitarios. Para mitigar la dureza de este hecho histórico y legitimar la existencia de la universidad con su respectivo profesorado, algunos han homologado la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles a las actuales universidades, han vertido en el molde curricular el tipo de conocimiento que se enseñaba y hasta le han creado un estatuto docente, siendo Platón y Aristóteles el prototipo del profesor universitario titular. Incluso, el desprevenido Sócrates se ha visto involucrado también en estos desafueros, siendo considerado como un modelo ejemplar de profesor universitario que tiene en cuenta al estudiante como interlocutor válido. Se ha imaginado también la existencia de aulas de clase en la Academia, haciendo retumbar la voz de Platón enseñándole a sus discípulos y, para descansar, Aristóteles salía del Liceo al campo para caminar con sus estudiantes.

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600 × 450 – En el centro aparecen dos figuras: Platón, el más anciano, y Aristóteles
Por supuesto, las ciudades-estado griegas no necesitaban encerrar el pensamiento filosófico, científico y artístico como condición para su producción y divulgación, ni estarían interesadas en convertirse en “precursoras” de unas instituciones que les fueron totalmente extrañas. Algo semejante podría afirmarse del Imperio Romano, que se constituyó y se mantuvo durante varios siglos sin universidades ni profesores universitarios, alcanzando un alto desarrollo jurídico, artístico, arquitectónico y de ingeniería. Esto no quiere decir que careciese de sistemas escolares básicos.

Institucionalmente, el profesor universitario occidental nace en el marco de la cristiandad medieval, sobre todo en el siglo XII, aunque su reconfiguración haya tenido lugar en la modernidad. El profesor universitario de la cristiandad es un hombre de profunda fe, pero que busca al mismo tiempo una explicación racional de la misma, que se mueve entre dos poderes: el de la Iglesia y el de la Corona. Así mismo, que pretende desentrañar el modo de funcionamiento del pensamiento, de la lógica de nuestros razonamientos, de la manera cómo podemos hacer concordar los contenidos de la fe en Dios con la propia capacidad humana para leerlo en el mundo, en las propias obras de la creación.

El profesor universitario de la cristiandad es un hombre de fronteras, que tiene que moverse en el filo de la navaja ubicado entre el poder eclesiástico y el poder del rey, es decir, entre el poder de la fe y el poder político. Pero su amuleto o su escudo es algo que marcha y camina con él, que nadie puede ponérselo o quitárselo: se trata del poder del saber. Es el poder emergente, que ejerce a manera de enseñanza, que elabora razones, que despliega un amplio conocimiento de la tradición filosófica, científica y teológica, que puede conservar o conspirar. En calidad de lector en latín y estudioso, tiene acceso a los manuscritos fundamentales del saber y, de alguna manera, puede dar razón de su sentido y dirección.
http://themaskedlady.blogspot.com/2009/09/la-universidad-medieval.html
El profesor universitario de la cristiandad, además de escribir, por tener acceso a los manuscritos básicos del saber, puede ejercer la acción de lector o delegar esta actividad a estudiantes cualificados en sus sesiones de clases. Él determina el sentido de la interpretación de los enunciados leídos y de allí deriva una de sus métodos: Lectioquaestio y disputatio (lectura, cuestión o problema y debate o argumentaciones), en búsqueda de conclusiones o consensos. Sin la escritura, la existencia del profesor universitario de la cristiandad es imposible. Sin embargo, no se trata de una escritura impresa, que aparecerá con Gutemberg, sino de una escritura manuscrita, hecha sobre pergaminos. Ello obliga al profesor de la cristiandad a escribir sus lecciones y a leerlas en sus sesiones de trabajo con los estudiantes.

La aparición de la universidad y del profesor universitario de la cristiandad medieval produce al mismo tiempo un cierto cambio en las tecnologías de la escritura y en las tecnologías para su divulgación:
“El intelectual tiene ahora sus instrumentos propios del oficio. Los profesores y en grado proporcional los estudiantes poseen libros, un pupitre, lámpara de noche con sebo, plomada y regla, un pizarrón, tiza, un raspador para preparar pergamino, pluma, tinta etc. La enseñanza que durante la Alta Edad Media era fundamentalmente oral, necesita ahora de muchos instrumentos.
“El libro cambia esencialmente, el formato se hace más pequeño, la letra más menuda y simple, pluma de ave en lugar de caña, sin ornamentación o con miniaturas en serie, abundancia de abreviaturas e índices alfabéticos. Sin libros no existe universidad. De objeto de lujo en la antigüedad se convierte en instrumento y producto industrial y comercial. Aparecen copistas y libreros. Los profesores escriben sus lecciones, los estudiantes toman notas de clase (relaciones).”[1]
No existe un modelo único de universidad, ni las denominadas “funciones sustantivas” actuales nacieron de un solo golpe y para siempre como objeto de sus acciones. Además de la enseñanza como centro estructural de su desarrollo, la universidad ha sido considerada también como el centro de la unidad espiritual, sea de la cristiandad o de los nuevos Estados modernos, algo así como un centro para la identidad y la cohesión de la sociedad. En tal sentido, se trata de la modelación espiritual de los sujetos, el incremento de su capacidad intelectual y de una disciplina necesaria para el cultivo del buen juicio y de sus actuaciones.

oxford.jpg ballotage.cl 600 × 400 – La ideología de la certeza y el fin de la Universidad moderna
En el contexto occidental, la universidad ha sido concebida también como el “lugar” de la articulación entre la fe y la ciencia: lejos de excluir la fe, la ciencia es una herramienta significativa para reconocer la capacidad de comprensión, inventiva y transformación que el hombre realiza, que lo dignifica ante Dios como co-creador; lejos de excluir la ciencia, la fe es un instrumento mediante el cual reconocemos el poder Dios en la vida de los hombres y en la naturaleza y el recurso a las ciencias ha de posibilitar la cualificación de la fe, su profundización y asentamiento.

Dentro de la anterior relación bipolar, la universidad alemana se ha erigido, además de centro espiritual de la nación, en una corporación al servicio del desarrollo de la ciencia a través de la investigación. Pensadores como Fichte, Schlemaier, Humboldt y Jaspers, entre muchos otros, centraron el ser de la universidad en beneficio de la ciencia, sin abandonar la dimensión espiritual de la misma, pero trastocando la fe por la verdad en la versión de las ciencias. El perfil del profesor universitario, desde esta perspectiva, será el de un investigador que conjuga su acción docente en el marco de lo que la ciencia puede aportar. La dimensión de su enseñanza está inserta en los alcances y los límites mismos de la explicación científica.

De alguna manera, el pensador José Ortega y Gasset recoge la tradición española y plantea que la universidad tiene su centro en la formación de personas cultas y en la producción y la transmisión de la cultura. Si la universidad quiere ser un ente vivo, siempre presente, tiene que insertarse en la cultura, que es la vida actuante de las ideas en las diferentes circunstancias de la actualidad. El proesor universitario de este estilo de universidad tiene que ser un humanista, amante de la filosofía, el arte, la cultura y la ciencia, con profundo sentido didáctico para contribuir a la formación ética y social de las personas, con un profundo sentido de la actualidad. Si ha de señalarse algún tipo de profesor paradigmático de este modelo de universidad, habría que citar al propio José Ortega y Gasset.

La lucha por las facultades ha marcado el itinerario de estas acciones sustantivas de la vida universitaria y del papel del profesor en ella. El profesor Kant reclamaba el papel que la facultad de filosofía debía jugar como eje central de la Universidad, en la dirección de la secularización del pensamiento universitario ilustrado, frente a la tradición medieval que centraban la misión de la universidad en la disciplina de la teología (Universidad de París) o del derecho (Universidad de Bolonia).

Esta lucha se extiende también a otras dimensiones de la sociedad, como la constitución de universidades de partidos políticos, universidades gremiales, universidades de proyección social, universidades de etnias, etc. En estas, el profesor universitario asume casi el papel de doctrinario, capacitador, apóstol, evangelizador, entre otros.

En términos generales, la instalación de la universidad como institución en el seno de las sociedades mundiales, especialmente en el espectro occidental, se consolida en el Renacimiento pero, sobre todo, con la apropiación que de ella hace el Estado moderno. Y se instala, simultáneamente, la figura del profesor universitario. Esta instalación de la universidad como institución y del profesor universitario en el seno de la sociedad y la cultura moderna, está acompañada de una cierta parametrización de las acciones de la institución y del profesor, ligadas a la enseñanza, la investigación y la extensión social.

En principio, se requiere que el profesor universitario sea un sujeto “ilustrado”, cargado de información y de detalles acerca de la disciplina o profesión en la cual se ha de desempeñar. Esta información la requiere para su función de transmisión directa a estudiantes en un aula de clases. Los contenidos que transmita en dicho escenario adquieren el carácter de información oficial y verdadera, pues ésta se convierte en el objeto de lo que se enseña y de lo que se aprende y reproduce. En consecuencia, se requiere que sea un sujeto “verdadero”, ligado intrínsecamente a la verdad, cuya “voluntad de verdad” sea al mismo tiempo el fundamento de su saber y de su información.

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No es el profesor universitario el que inventa la universidad; es la universidad la que prefigura e inventa al profesor universitario y, en tal sentido, lo requiere también para que ejerza su oficio en determinadas condiciones de tiempo y espacio. Debe asistir al sitio en el cual se ubica físicamente la universidad. Por lo general, la arquitectura universitaria se basa en la existencia de aulas de clases, que son los escenarios matrices de la acción de enseñanza que realiza la institución, cuenta con auditorios para las reuniones académicas o administrativas de estudiantes, profesores y funcionarios, además de oficinas para que elstaff administrativo realice sus diversas funciones, oficinas para los profesores de tiempo completo que tienen cargos como titulares, asociados, asistentes y auxiliares. Las edificaciones universitarias clásicas cuentan, además, con canchas deportivas para la práctica de diferentes disciplinas, zonas verdes, parqueaderos, bibliotecas extensivas, laboratorios, estudios de radio, televisión, centros con computadores, etc.

Al igual que las otras instituciones modernas que demandan el encierro total o parcial de sus agentes –hospitales, hospicios, fábricas, penitenciarías, ejércitos, museos, zoológicos, jardines botánicos, entre otras, la institución universitaria demanda también del ejercicio residencial tanto de los estudiantes como de los profesores, pues la producción de la enseñanza por parte del profesor y del aprendizaje por parte del estudiante se realiza de modo sustantivo en la relación presencial de las aulas de clases. Pero esta presencia directa del estudiante le demanda también al profesor una acción aparentemente marginal, pero sustancial para la naturaleza de la institución universitaria: el control disciplinario del estudiante. Pero el profesor también es controlado por el staff administrativo. A su vez, el estudiante ejercer también acciones de vigilancia a unos y otros. En las instituciones residenciales, todos sus miembros ejercen control y vigilancia entre los mismos.


El profesor universitario requiere demostrar que siente profundo apego por la ciencia y la investigación científica, pues su labor de enseñanza tiene que estar enriquecida con esa incesante búsqueda de la verdad que emprende a través de la investigación. Sus juicios, apreciaciones, argumentaciones y acciones tienen que coincidir con la de un científico, a propósito de lo cual ejerce una función de enseñanza.

El profesor universitario requiere también una dosis de liderazgo, de tal manera que genere empatía y admiración entre sus estudiantes y motive cierta emulación, sea por sus ideas, modo de ser, comportamiento, naturaleza del conocimiento que domina, etc. Necesita un “yo” ejemplar y cierta dosis de narcisismo para “arrastrar seguidores”. A pesar del carácter plural de la enseñanza universitaria, el profesor tienen también la necesidad de afianzar su enseñanza con ciertas prácticas de adoctrinamiento, lo que le garantizará el seguimiento y la admiración de sus estudiantes. De tal manera que debe moverse de la mejor manera entre pluralismo y dogmatismo y saber salir airoso, so pena de ser acusado de eclecticismo o dogmatismo.

Dentro del repertorio de estas invenciones, también, a manera de ejemplo, se encuentran las siguientes expresiones de deseos o de ajustes de ese “perfil ideal” del profesor, emanadas de un conjunto de reuniones y de declaraciones de organismos internacionales ligados a la UNESCO, de manera especial la Declaración Mundial Sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción y Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior:
Artículo 2. Función ética, autonomía, responsabilidad y prospectiva
De conformidad con la Recomendación relativa a la condición del personal docente de la enseñanza superior aprobada por la Conferencia General de la UNESCO en noviembre de 1997, los establecimientos de enseñanza superior, el personal y los estudiantes universitarios deberán:
a) preservar y desarrollar sus funciones fundamentales, sometiendo todas sus actividades a las exigencias de la ética y del rigor científico e intelectual;
b) poder opinar sobre los problemas éticos, culturales y sociales, con total autonomía y plena responsabilidad, por estar provistos de una especie de autoridad intelectual que la sociedad necesita para ayudarla a reflexionar, comprender y actuar;
c) reforzar sus funciones críticas y progresistas mediante un análisis constante de las nuevas tendencias sociales, económicas, culturales y políticas, desempeñando de esa manera funciones de centro de previsión, alerta y prevención;
d) utilizar su capacidad intelectual y prestigio moral para defender y difundir activamente valores universalmente aceptados, y en particular la paz, la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad, tal y como han quedado consagrados en la Constitución de la UNESCO;
e) disfrutar plenamente de su libertad académica y autonomía, concebidas como un conjunto de derechos y obligaciones siendo al mismo tiempo plenamente responsables para con la sociedad y rindiéndole cuentas;
f) aportar su contribución a la definición y tratamiento de los problemas que afectan al bienestar de las comunidades, las naciones y la sociedad mundial. (UNESCO, 1997).
Una especie de visión jurídica, centrada en el “deber ser”, ronda los roles y las responsabilidades de esta cálida figura del profesor, que poco espacio deja para caracterizar el perfil real de su ejercicio docente. Otro ejemplo, entre muchos otros, puede estar representado en los siguientes deseos:
“Un perfil docente basado en competencias, fruto del diálogo y del consenso, puede cumplir dos funciones importantes en el mejoramiento permanente de la profesión: una función articuladora entre la formación inicial y la formación permanente y, una función dinamizadora del desarrollo profesional a lo largo de la carrera así como de la profesión misma.” Revista de Formación e Innovación Educativa Universitaria. Vol. 2, No 2, 87-97 (2009)
El mapa de las actuaciones del profesor universitario se traza también como facilitador del aprendizaje significativo del estudiante, el de transmisor de la cultura y el de impulsor del trabajo colaboratvo, en tanto demandas establecidas por la sociedad del conocimiento. Cfr.;M.a Rosario Cerrillo Martín y Dolores Izuzquiza Gasset (2005). Perfil del profesorado universitario.REIFOP, 20, Vol. 8 (5). (Enlace web: http://www.aufop.com/aufop/home/ Consultado el 15 de junio de 2012.

Referido al mundo de la universidad latinoamericana, se traza también el marco de la utopía en torno al papel que ha de jugar la formación del profesor universitario: “capacidad profesional de liderar la transformación cultural-educativa, y de liderar los cambios científicos-tecnológicos-sociales desde la ética,la solidaridad, la tolerancia, la inclusión en las “sociedades del saber” cambiante del siglo XXI.”
Diana Soto Arango (2010), El profesor universitario de América Latina: Hacia una responsabilidad ética, científica y social, Bogotá: Observatorio Colombiano de la Educación Superior.
En los diagnósticos de cómo formar al profesor universitario de hoy, aparecen también, entre otras, este tipo de propuestas:
“El desglose de conocimientos, habilidades y actitudes, forman parte de los siguientes ejes, que se considera determinan la práctica docente:

1.     Posee un marco teórico-conceptual sobre la fundamentación filosófica, psicológica y social de la educación.
2.     Integra la asignatura y su función, a un currículo y a un contexto social determinado.
3.     Desempeña actividades de investigación e innovación.
4.     Planealasactividadesdeenseñanzaydeaprendizaje.
5.     Realizaestrategiasdeenseñanzaydeaprendizaje.
6.     Organiza el trabajo en grupos en situaciones de cooperación.
7.     Realizaestrategiasdemotivación.
8.     Evalúalosaprendizajes.

(Brinda asesorías y tutorías. “Mtra. María Isabel Reyes Pérez (2007).  Perfil ideal del profesor universitario: una guía para detectar necesidades de formación. Universidad Autónoma de Baja California:
Los estudios acerca del papel real que representa el profesor parten del supuesto de la estabilización de sus funciones en torno a la enseñanza, la investigación y la extensión, corroborándose a través de encuestas, grupos de discusión y análisis de cargas laborales, que la función principal del docente de las universidades públicas es la investigación, aunque, en general, sus resultados sean poco visibles; en segunda instancia la labor de enseñanza, en tercer lugar la labor de gestión y en cuarto lugar la labor de extensión. En las universidades privadas la labor principal es la de enseñanza, en segundo lugar la de gestión, en tercer lugar la de investigación y en cuarto lugar la de extensión. En consecuencia, las recomendaciones se orientan a reiterar el papel ideal que el profesor universitario debe desempeñar para el cumplimiento de la misión de las universidades como instituciones. (Cfr., María del Pilar García Rodgiguez, Sebastián González Losada (2007), El perfil del profesorado universitario: un profesional en evolución constante, Universidad de Huelva:
Por otra parte, el creciente desarrollo de la investigación experimental, de las tecnologías telemáticas y la importancia en aumento de la innovación como factor de plusvalor en la gestión creativa de soluciones, demandan del mundo universitario la generación de nuevas competencias investigativas centradas más en la formación del espíritu investigativo que en la información acerca de lo qué es y en qué consiste la investigación. Capacidad para la búsqueda sistemática y organizada de información existente, más que la acumulación memorística y erudita de la misma, con la adopción de criterios para su valoración, utilización y generación de nueva información.

Esto significa el viraje de la formación universitaria de la enseñanza a la constitución del aprendizaje en el centro de su desarrollo y la función de la enseñanza como estrategia para el fomento con múltiples métodos y técnicas para potenciar el aprendizaje. Cuando el aprendizaje es enseñocéntrico, la acumulación de información es sustantiva, siendo la erudición su más alta expresión. Cuando los procesos formativos se centran en el aprendizaje, el fomento del espíritu investigativo es su máxima expresión y la búsqueda de información con sentido crítico y constructivo se deja evidenciar fácilmente en el nuevo lenguaje de profesores y estudiantes. El estudiante experimenta mayores niveles de autonomía en su aprendizaje, depende menos del profesor como enseñante y lo requiere como sujeto dialogante en torno a criterios y fundamentos de valoración, más que de transmisor de información.

Registro sin datos.
La información se vuelve cada vez más intensiva, más digital, y menos extensiva, es decir, más disponible las veinticuatro horas, menos impresa en papel, aunque se sigan publicando periódicos, revistas, libros, enciclopedias y otros formatos. Esto demanda también una transformación radical y específica del concepto de biblioteca, lo que ha significado otro nuevo proceso de democratización de la información, al alcance de todos, y no de unos pocos. Esta transformación se evidencia en muchísimas universidades y se ha constituido en una tendencia mundial. Sin embargo, no se ha medido lo suficiente el impacto de esta tendencia en el papel transmisor del profesor en el aula de clases, lo que afecta de manera directa la legitimación de la universidad presencial. En los ambientes e-Learning, contar con la información intensiva es apenas un recurso normal que le permite a los estudiantes acceder a la misma de manera permanente. Los cursos mismos están diseñados sobre estos recursos digitales.

gte2.uib.es
El profesor universitario se enfrenta hoy al frenético desarrollo de las tecnologías telemáticas, los dispositivos móviles, la realidad virtual en 3D, second life, juegos digitales, la televisión digital terrestre y por cable, la realidad aumentada, las tecnologías LCD y la creciente convergencia de imagen, audio, texto y navegación le han dado un vuelco radical al desarrollos del hipertexto y, por consiguiente, al desarrollo de la hipermedia. De alguna manera, los estudiantes tecnologizados, habitantes on line del mundo virtual, derivados de los nativos digitales, se han tomado como símbolo de este nuevo modo de ser estudiante y reclaman a su vez un nuevo perfil para el profesor universitario, ligado a la Web 2.0 con sus redes sociales avasallantes en las cuales nos envolvemos.

La famosa encuesta aplicada en 2008 a 7.705 universitarios norteamericanos por Reynol Junco y Mastrodicasa Jeanna, mostró que:
• El 97% posee un ordenador
• El 97% ha descargado música y otros medios de comunicación que utilizan de igual a igual para compartir archivos
• El 94% posee un teléfono celular
• El 76% usa la mensajería instantánea y las redes sociales
• El 75% de los estudiantes universitarios tienen una cuenta de Facebook
• El 60% posee algún tipo de música portátil y/o dispositivo de video, como un iPod
• El 49% regularmente descarga música y otros medios de comunicación mediante archivos que se comparten de igual a igual con otros
• El 34% utilizan como su fuente principal de noticias los sitios Web
• El 28% es autor de un blog y un 44% lee blogs
• El 15% de los usuarios de mensajería instantánea está conectado 24 horas al día/7 días a la semana.
(Citada por Michael Hanley, 2009). Consultado el 20 de junio de 2012. Ver: http://elearningcurve.blogspot.com/2009/05/challenge-of-training-playstation.html)
Pero no se trata solamente el uso de las tecnologías, sino del pensamiento tecnológico, es decir, de pensar comprensivamente, tanto en función de la acción o el uso instrumental del pensamiento, como en su ampliación a través de la innovación. La tecnología no sólo tiene un uso instrumental, sino que, en tanto lenguaje, es también un modo de pensar.

Con base en los anteriores aspectos y escenarios, el perfil general del profesor universitario 2.0 puede caracterizarse por:

  •        Formación interdisciplinaria, capaz de múltiples lecturas
  •   Gestión del conocimiento en su desempeño, independientemente de los contextos de aula
  •       De pensamiento complejo y digital, de carácter multicausal
  •    No son acumuladores de información (enciclopédicos), como sucede con los profesores universitarios tradicionales, pues manejan criterios (discutibles o no) para la búsqueda, valoración, uso y reciclaje de información en la solución de problemas, generalmente en perspectiva global.
  •      Poco hábiles para “dictar clases” y centran su acción en planes de trabajo que puede seguir y acompañar en la Red
  •   Habilidad para interactuar de manera colaborativa, tanto en escenarios presenciales como en redes y comunidades
  •        Manejo de las herramientas básicas de la Web 2.0 y aplicativos de la Web 3.0
  •        Actor significativo en las redes sociales
  •        Participación en redes de investigación o en comunidades académicas virtuales
  •        Manejo de búsquedas de información de alcance global
  •        Estilo de aprendizaje basado en alternativas plurales
  •        Participación política focalizada.

El profesor universitario 2.0 comparte el ambiente y el pensamiento tecnológico del estudiante universitario 2.0, aunque su experiencia en calidad de docente le demarca otras dimensiones y problemáticas. Por ejemplo, mantiene el rol oficial de legitimación de conocimientos a través de su expresión oral en el aula de clases.

desarrollosinlimites.com
A manera de simple ejemplo, cada vez es menos usual ver a un profesor universitario que centra su actividad en “dictar clases” en un salón con tiza y tablero o marcador y papelógrafo, pues tiene entre sus estudiantes personas que dominan y habitan el mundo de Internet, pertenecen a redes sociales disímiles, participan en comunidades con intereses específicos, además de la búsqueda de información pertinente a la que se abocan casi de manera diaria. Estos estudiantes, por lo común, pierden cada vez más el interés académico y las motivaciones para “soportar” durante varias horas como escuchas pasivos en las aulas de clases.

sqlsoftware.com.co
Correlativamente, es también cada vez menos usual ver a un profesor que cuente en sus clases con un conjunto de estudiantes en calidad de analfabetas digitales y cuya única fuente de acceso a la información sean los dictados o las explicaciones orales del profesor. Probablemente experimentará un cierto “cosquilleo mental” y náuseas de origen estomacal y perderá interés en mantener un papel tradicional como profesor. Probablemente estos ejemplos se convertirán a mediano plazo en narrativas inimaginables.

Probablemente el nacimiento del profesor universitario 2.0 no esté en la ruta creada por las universidades tradicionales. Estoy seguro, hasta donde me es posible, que pueda encontrarlo en las denominadas universidades emergentes, ligadas más a la educación a distancia en ambientes e-Learning que a los ambientes convencionales de las aulas de clase. Hacia allí dirigiremos nuestra próxima mirada.
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